Dentro del calendario montañero en Segovia hay una cita que es ineludible para todos nosotros. La marcha invernal a la mujer muerta, organizada por el grupo más longevo en Segovia, el "G.M Diego de Ordás". La gran organización, colocando una serie de controles con avituallamiento en lugares estratégicos, la presencia de intregrantes del grupo como "coche escoba", recogiendo y velando por aquellos que pudiesen tener dificultades, el magnífico refirgerio que nos ofrecen al terminar y el detalle que nos obsequian, junto con la belleza y dureza de la marcha, han convertido esta actividad en un clásico no sólo en Segovia, sino en toda España. En esta ocasión se celebraba la XXXVII Travesía Invernal de la Mujer Muerta. Las previsiones del tiempo, no demasiado halagüeñas, hicieron que este año el número de participantes fuese inferior al año pasado, aunque nos juntamos 90 esforzados compañeros montañeros. La salida como es tradicional se dió en el parking del Panorámico, y desde allí, tras unos veinte minutos por unas pistas forestales nos adentramos en el pinar. De momento el tiempo era bueno, incluso salió el sol, aunque las nubes en la cima auguraban cambios radicales. Fue salir del pinar, afrontar la subida hacia la Pinareja, cuando de desató la tormenta. No de agua, sino de un aire furioso que te lanzaba una ventisca de nieve que cortaba como cuchillos. Esta tormenta nos acompañó hasta la Pinareja, una de las cimas de la Mujer Muerta. Amainó, y pudimos progresar sin contratiempos hacia la Peña del Oso, la cima más alta de toda la Mujer Muerta con casi 2200 metros de altitud. La siguiente parada estaba en el Pasapán, y este para hacer este camino nos abandonó el sol, apareció la nieve y la niebla. Comimos un poco en el Refugio del Pasapán, y cerca ya de nuestro destino volvió a salir el sol. Lo que se dice un día completo. Un completo e interesante día de montaña. |
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